Redescubriendo Gualeguaychú

Capítulo II: Bienvenido a Entre Ríos

 Ese día iba a ser importante. Así lo sentía la noche anterior, mientras miraba recostado el techo de mi carpa y repasaba las ciudades que me separaban de mi próximo destino, y así lo supe esa mañana, cuando las primeras gotas de una anunciada lluvia, que amagó con largarse pero que jamás llegó, me despertó apenas pasadas las 6.30 de la mañana. Con los primeros rayos de sol, pegué el salto y guardé mis cosas a toda prisa: nunca es bueno guardar la carpa mojada. Mi tobillo, esguinzado, seguía dándome punzadas agudas de dolor cada vez que lo exigía, con mis 24 kilos de equipaje a mis espaldas. Apenas si podía acelerar el paso. De correr, ni hablar.

 Tras caminar algunos kilómetros, los que separan el río de Areco de la ruta 8, ya estaba pronto, haciendo dedo junto a mi mochila, a un costado del camino. En 2 medianos trancos, ya me encontraba a las afueras del polo industrial de la ciudad de Zárate, último bastión bonaerense, antes de adentrarme en tierras entrerrianas. Previa parada en boxes para recargar energías con un choripán, al costado de la ruta, ya me encontraba al otro lado de las barreras del peaje. Sólo faltaba que alguien me diera el último empujoncito a través del puente Zárate-Brazo Largo.

El puente Zárate-Brazo Largo: de un lado Buenos Aires, del otro lado, Entre Ríos.

 Ese “alguien” fue Joaquín. Con Joaquín compartimos algunas charlas interesantes. Lo que rescato de cada una de ellas es el no compartir en absoluto con ninguna de sus opiniones ni su visión del mundo. Una de las más extrañas de todas es la del “cigarrillo mata galán en Uruguay”. Fue algo así:

-“Decime, flaco, después de Entre Ríos: ¿A dónde vas?”
-“Después cruzo por Concordia a Uruguay.” – le contesto
-“Uh, ¡Qué bien! ¿Vos fumás?”
-“¿Qué cosa, marihuana?”
-“No, no. Si fumás pucho. Cigarrillo…”
-“No, no fumo. ¿Por qué?”
-“Uh, qué cagada. No, porque si fumabas, te convenía cruzar con varias etiquetas de Marlboro a Uruguay. Allá el costo de vida es altísimo y los cigarrillos son artículos de lujo. Caminar con una caja de Marlboro en la mano es casi como andar en un BM(W). Te vas a cansar de coger.” (!!!)
-“¿Sólo por llevar una caja de cigarrillos en la mano?”
-“Es creer o reventar. A mí me lo contó un amigo. Decidí ponerlo en práctica las últimas 2 veces que crucé a Fray Bentos. Las 2 veces terminé en un telo…”
-“… “

 Si bien habría que ser un imbécil para creer semejante cuento, considero oportuno, en caso de que hubiera algún lector despistado, aclarar que Uruguay es un país con una gran clase media y una economía que, a pesar de las dificultades que atraviesa por ser un país pequeño y de no muchos recursos, se mantiene a flote, haciendo la planchita, mientras sus dos vecinos gigantes se la pasan de crisis en crisis, con cientos de miles de personas viviendo en la miseria y sin tener para comer. Al menos, Joaquín disfruta su Marlboro box mientras contempla la próxima e inminente crisis argentina…

Gualeguaychú

 Gualeguaychú estaba marcada en mi mapa como primera parada entrerriana. De nombre con clara raíz en la lengua guaraní, pero de etimología no del todo clara, la ciudad es también la frontera terrestre más austral con el Uruguay y la tercera más poblada de la provincia, después de Paraná y Concordia. La idea era recorrer Entre Ríos, haciendo base en las ciudades cabeceras de sus 17 departamentos. Luego de investigar más y pasar algunos filtros, terminé por quitar 4 departamentos, reduciendo el recorrido a sólo 13 más algunos pueblos “satélite”. Así fue como Gualeguaychú terminó quedando como la primera ciudad entrerriana en la lista.

 Al igual que Mar del Plata o Carlos Paz, era una ciudad que en mi imaginario resultaba encandilante, por todas las luces que recibía en temporada y por la imagen de ella que nos hacía llegar la TV a nuestras casas. Gualeguaychú es hogar del carnaval más grande del país. De corte netamente brasileño, se desarrolla en el Sambódromo de la ciudad. Son 5 comparsas que desfilan ante un público promedio de 30 mil personas por noche, siendo Marí Marí la más ganadora de todas. Es todo un acontecimiento para la ciudad, ya que millones de pesos, provenientes de otras provincias son inyectados en la economía local, lo que les permite hacer un poquito más llevadero el resto del año.

Comparsas, vedettes, bailarines, plumas y color. Se estima que por comparsa, se invierten unos U$S450.000.

 Pero no había ido en temporada y del carnaval no había ni rastros. Es más, de no ser porque una tarde, caminando, me topé con el Sambódromo, ni me hubiera enterado que estaba en LA ciudad del carnaval. Para esos días, este blog aún estaba en etapa embrionaria. Sólo era un cúmulo de textos guardados en mi computadora, que sinceramente, auguraban poco y nada. Como, al mismo tiempo, me había propuesto no hacer lo mismo que había hecho siempre (entiéndase, bajonearme, perder confianza en mí mismo y abandonar proyectos), me propuse no aflojar con mis escritos y doblegar mis lecturas.

 Leer mucho me hace querer escribir mucho. Si estás en Gualeguaychú y querés leer y/o escribir, sin duda alguna, el lugar ideal será la costanera o la Isla Libertad. Cada vez que lograba desocuparme, enfilaba hacia esos lados. Las fuertes lluvias de fines de octubre en Gualeguaychú habían hecho desbordar el río homónimo, produciendo inundaciones en la parte baja de la ciudad (costanera y aledaños). Entre Ríos, lo sabría después, es una provincia acostumbrada a las inundaciones, al igual que gran parte de la región mesopotámica argentina, incluyendo también a Santa Fe. Sin duda, una gran pena.

La parte baja de la costanera, inundada, tras las últimas lluvias.

 Gran cómplice de mis días en la ciudad fue, nuevamente, la causalidad: quien me había abierto las puertas de su casa y quien, con el tiempo, se convertiría en una gran amiga fue Maximiliana. ¿Cómo llegué a ella? Cocke, un amigo y viajero chileno, que había conocido en Miramar, había parado en su casa y me había dicho que, de pasar por Gualeguaychú, sin duda la llamara. Resulta que con Maxi, no sólo compartíamos la amistad del chileno, sino también de David, aquél fotógrafo loco quien fuera mi primer anfitrión en la ruta, allá por julio de ese mismo año, en Carmen de Patagones.

 Con Maxi pegamos onda, casi, de inmediato. Es una persona con ADN 100% viajero. ¿Cómo reconocer a una persona con ADN viajero? Fácil. Entre viaje y viaje, siempre estará pensando en un próximo destino que conocer o recorrer. Si trabaja, trabajará en pos de ahorrar para su viaje. El sedentarismo le cuesta horrores y vive con nostalgia de los lugares y personas que conoció viajando. Por eso, tuvimos tanta y tan buena afinidad. Pasamos algunos días en la tranquilidad de Pueblo Belgrano, a tan sólo 3 kilómetros de la ciudad, entre cervezas, mates y buenas charlas.

 Para mí, Gualeguaychú es la ciudad del calor, de los paseos por la costanera (de tarde), de la Isla Libertad y su bello castillo, de Maximiliana, la mejor repostera de la ciudad. Ah, y me olvidaba, también fue la ciudad epicentro del conflicto con Uruguay.

Desde la costanera, vista del puente que une la ciudad con el Pueblo Belgrano, por sobre la isla.

El dueño de esta gráfica consideró oportuno “fusionar” a Pantera con La 25. Muerte y destrucción.

El conflicto con el Uruguay

 Todo comenzó en el año 2002, cuando el (por entonces) presidente uruguayo, Jorge Batlle, autoriza a las empresas ENCE (España) y Botnia (Finlandia) a instalar 2 plantas de producción de pulpa de celulosa en el país. La misma sería la inversión extranjera más grande en la historia del Uruguay. ¿Cuál fue el problema? Que las autorizó a hacerlo a la vera del río Uruguay, río de soberanía binacional, compartida con Argentina, violando así lo acordado por ambos países en el Estatuto del Río Uruguay del año 1975.

La planta de Botnia, vista desde la costa del balneario Ñandubaysal, en Gualeguaychú.

 Activistas ambientalistas uruguayos y argentinos le salieron al cruce, además de partidos políticos reaccionarios, como el Frente de Izquierda uruguayo (el partido del Pepe, el partido de Tabaré). 2 años después, en 2004, el Frente ganó las elecciones presidenciales en Uruguay, invistiendo a Tabaré Vázquez como nuevo presidente de los uruguayos.

 “¡Qué bueno! ¡Ahora que ganó la izquierda, van a detener todos los proyectos de las plantas!”, habrán pensado los ambientalistas. Bueno, no. Haciendo gala del ya clásico “digo una cosa en campaña y hago otra cosa en ejercicio”, Tabaré dio un giro radical de 180° en su discurso, al punto tal de convertirse en el defensor número 1 de las papeleras. Tan así, que hasta llegó a enviar al ejército a cuidar las inmediaciones de la planta finlandesa de Botnia, en caso de que algún loco terrorista argentino decidiera atentar contra la misma. ¿Querían más? En 2011, durante una charla en un colegio secundario del vecino país, Tabaré reconoció que hasta barajó la posibilidad de un conflicto bélico con Argentina:

 “Tuvimos un conflicto muy serio con Argentina y un presidente tiene la obligación de plantearse todos los escenarios posibles que le puedan presentar ante un determinado problema; no esperar a que el problema surja para ver qué hacemos. Yo me planteé todos los escenarios, desde que no pasara nada, y al otro día nos levantáramos y estuviera solucionado el problema, hasta que hubiera un conflicto bélico. ¿Qué pasaba con las demostraciones del Ejército argentino frente a Paysandú? Nunca las habían hecho y las hicieron. ¿Qué hubiera pasado si teníamos un conflicto con Argentina? Me reuní con los tres comandantes en jefe y les planteé este escenario. El comandante de la Fuerza Aérea me dijo: ‘tenemos cinco aviones y combustibles para 24 horas’. No estoy dramatizando, es la realidad.”

Tabaré Vázquez y la grappamiel: una verdadera historia de amor.

 ¿Suena estúpido, no? Argentina en guerra con el Uruguay. Que dos pueblos hermanos, con tanta historia en común, puedan ir a la guerra, sólo por defender intereses económicos empresariales, que les son totalmente ajenos y no los benefician en absoluto, gracias a la complicidad de los títeres que los gobiernan, sólo tiene sentido
en un mundo sin sentido como el que vivimos.

 Aunque no como Tabaré lo había llegado a considerar, una guerra ya estaba desarrollándose, y era la de los activistas contra Botnia y el gobierno uruguayo. Para presionarlos, se intensificaron los cortes sobre el puente internacional que une Gualeguaychú con Fray Bentos (Uruguay), al punto tal de volverse total y por tiempo
indefinido. Además, se consiguió también la adhesión de ambientalistas en las otras 2 ciudades que poseen puentes al Uruguay (Colón y Concordia), aplicándole una especie de “bloqueo económico total” al vecino país, ocasionándole pérdidas estimadas en rededor de los U$S400 millones.

“Gualeguaychú no va a aflojar” ¡Y no aflojó!

 Cubierto el flanco del ataque económico, aún faltaba el golpe mediático: durante la IV cumbre de Jefes de Estado de países de Europa, América Latina y el CaribeGreenpeace envió a Evangelina Carrozo, última reina de la comparsa de Gualeguaychú, como “agente infiltrada”: evadió los controles de seguridad y se dirigió en dirección al presidente uruguayo, con sus ropas de vedette, y luciendo un cartel con la frase “Basta de papeleras contaminantes”. ¿Qué opinó Tabaré al respecto?: “Es una linda chiquilina, algo ligerita de ropas, pero con un buen cuerpo… Es una militante de Greenpeace…”

Evangelina Carrozo: de la cumbre de Viena a la tapa de Playboy y a bailar a lo de Tinelli… ¿Oportunismo o conciencia ambiental?

 Ambos países se demandaron, mutuamente, ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por perjuicios, unos económicos, otros, ambientales. La Corte, en unánime decisión salomónica, intimó a ambos países a que no rompieran más las bolas, desestimando sus respectivas denuncias. Ya en la era del Pepe Mujica, se lograron algunos acuerdos y avances en la cuestión, conformando un equipo binacional de control de las emisiones contaminantes de las plantas y la calidad del agua del río.

 Lo de los ambientalistas es un loable ejemplo de resistencia y perseverancia. Al no ser representados por nuestros “representantes”, somos los ciudadanos quienes debemos salir a la calle a hacernos escuchar. Ahora, no puedo dejar de preguntarme con qué cara el estado argentino salió a condenar la instalación de las plantas contaminantes, siendo que en territorio nacional funcionan, al menos, 10 de ellas, todas con denuncias de contaminación por parte de los vecinos de las respectivas zonas.

Papeleras en Argentina: ¿Doble discurso? ¿Populismo? ¿Juicio selectivo?

La isla Libertad

 Cualquiera que salga a perderse por las calles de Gualeguaychú, tarde o temprano, terminará en la costanera. Y quien camine por la costanera, indefectiblemente verá, a pocos metros de ella, a la bella Isla Libertad. La misma se encuentra poblada, en su mayoría, por árboles de diversa variedad y algunas casas de buen poder adquisitivo. Sin dudas, la gran joya arquitectónica de la isla (y también de la ciudad) es el “castillo” de la isla Libertad. Algunos detalles remiten a un castillo medieval, para otros, remite a una casa de muñecas.

La costanera.

El Castillo de María Eloísa.

 La propietaria del mismo, allá por el año 1930, fue María Eloísa D´Elía, joven profesora entrerriana que, con 40 años de edad, ya podía decirse poseedora de un castillo, gracias al regalo que le hiciera su amigo Horacio Rébori. Allí viviría con su marido y sus 2 hijos. Todo parecía marchar bien para María Eloisa, hasta que la tragedia comenzó a signar sus días: primero, su hijo más pequeño, moría a causa de la hidrocefalia, a los 14 años de edad. Luego, ocurriría un suceso tan macabro y misterioso, que aún sigue dando tela que cortar.

 En 1935, Blanca Sosa, la joven empleada doméstica de la familia, de 25 años de edad, fue encontrada, en su habitación, degollada. ¿Suicidio u homicidio? Hasta el día de hoy, nadie lo sabe. En su momento, se caratuló la causa como suicidio y se pasó de página. Múltiples salpicaduras de sangre en la habitación sugieren otra cosa, a pesar de que la habitación se encontrase totalmente cerrada por dentro.

Ocaso sobre Gualeguaychú, desde el puente.

 Tras la inundación del año ´59, que tapó completamente el castillo, la familia de María Eloisa decidió abandonar el castillo definitivamente. Hoy en día, el mismo se encuentra deshabitado y a la venta. Buscando en internet, me pude encontrar un aviso donde lo ofrecen a cualquiera que disponga de U$S240.000 y tenga ganas de habitar el castillo de la isla Libertad, el emblema de Gualeguaychú. Ah, ¿Los tenés? Entonces, compralo acá.

Joel Lousararian

¡Hola! Mi nombre es Joel, soy de Córdoba y hace poquito que pasé los 30. Mi curiosidad y mi amor por las culturas me trajeron hasta acá. Hace más de 4 años que viajo a dedo sin más compañía que mi querida mochila. Escribo lo que siento y fotografío lo que veo. Si consigo que reveas la posibilidad de retomar ese sueño abandonado por temor, entonces, todo esto ya habrá valido la pena. ¡Gracias por pasar y leer!

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